Periodista

Los excluídos de la tierra РMST

Carmen Sarmiento en Brasil 1

El Movimiento Sin Tierra sigue en la lucha

Hace unos días, con motivo de la muerte de Pedro Casaldaliga escribía mi primera entrada en este blog recordando mis dos encuentros con él.

Ahora me llegan noticias de un desalojo violento por parte de la Polic√≠a Militar de Brasil, del Campamento Quilombo Campo Grande en Minas Gerais al sudeste de Brasil. En este campamento viv√≠an y trabajaban la tierra, desde hace m√°s de 20 a√Īos, 450 familias del Movimiento Sin Tierra (MST) que ahora se encuentran en lucha y resistencia.

Esto me ha hecho recordar el desalojo de otro campamento del MST del que fuimos testigos en 1999 cuando me encontr√© por segunda vez con Casaldaliga y que qued√≥ plasmado en el video que comparto al final de este escrito y en el cap√≠tulo que copio a continuaci√≥n del Libro de ‚ÄúLos Excluidos‚ÄĚ.

Han pasado 20 a√Īos pero sigue siendo necesario trabajar duramente para que los excluidos y excluidas del sistema liberal capitalista puedan vivir una vida digna. Y como dicen en su comunicado del 17 de este mes ‚ÄúNo podemos callar ante este injusto proceder, donde la ambici√≥n sigue siendo el com√ļn denominador de nuestras sociedades, afectando sin consideraci√≥n alguna a los pueblos‚ÄĚ

LOS EXCLUIDOS DE LA TIERRA

Brasil es uno de los pa√≠ses m√°s extensos del mundo. Se estima que tiene ochocientos millones de hect√°reas cultivables de los cuales doscientos cincuenta millones pertenecen a la Administraci√≥n P√ļblica y doscientos ochenta y cinco est√°n en poder de los grandes terratenientes.

Aunque la esclavitud fue abolida oficialmente en Brasil en 1888 cada a√Īo se descubren bolsas campesinas de servidumbre. Resulta asombroso que en pleno a√Īo dos mil un terrateniente brasile√Īo haya sido acusado de retener a doscientos cincuentas esclavos vigilados por pistoleros

El hacendado brasile√Īo Antenor Duarte do Vale, due√Īo de numerosas haciendas, ha sido acusado por la polic√≠a federal de tener presos a doscientos cincuenta hombres en una c√°rcel construida dentro de una de sus inmensas fincas.

Duarte fue procesado en 1995 por participar en el Estado de Rondonia en una matanza en la que fallecieron nueve campesinos y dos polic√≠as, pero fue absuelto por falta de pruebas. En la √ļltima ocasi√≥n la polic√≠a asegur√≥ que exist√≠an pruebas para incriminar al terrateniente.

Cuando escribo estas l√≠neas no puedo olvidar que fue el catal√°n Pedro Casaldaliga el primero en denunciar en 1977 este estado de cosas, por lo que el Obispo de Sao Felix de Araguaia escandaliz√≥ al Vaticano y sufri√≥ varias amenazas de muerte. Por eso reencontrarme con √©l, diecisiete a√Īos despu√©s, me result√≥ tan emotivo. Ya no le persegu√≠an los matones a sueldo y pude hacerle una nueva entrevista sin que me detuviera la polic√≠a brasile√Īa. Bien es cierto que, en nuestro √ļltimo encuentro, Casald√°liga me record√≥ que todav√≠a en 1996, en Eldorado dos Caraj√°s, diecinueve campesinos, mujeres y ni√Īos, que reclamaban su derecho a la tierra, murieron a manos de la Polic√≠a Militar. Casald√°liga sentenci√≥, clarividente como siempre, ‚ÄúDel triunfo o de la derrota del Movimiento de los San Tierra depende que se haga una aut√©ntica Reforma Agraria en Brasil‚ÄĚ.

En su campa√Īa de 1999 Manos Unidas denunci√≥ la esclavitud en el mundo y en la del 2000, el mal reparto mundial de la tierra, por lo que viajamos al Estado de Sao Paulo para entrar en contacto con las gentes del MST, uno de los movimientos sociales m√°s importantes de Am√©rica Latina. El MST est√° integrado por mujeres, hombres y ni√Īos que luchan por tener un pedazo de tierra para sobrevivir.

En Brasil el uno por ciento de los propietarios agrícolas acumulan el cuarenta y seis por ciento del suelo cultivable mientras que, más de veinte millones de campesinos luchan con la esperanza de no quedar excluidos de la sociedad, ni ser los desheredados de la tierra.

Carmen Sarmiento en Brasil 2

EL PATR√ďN ME OBLIGO A CORTARME EL PELO

Estuvimos grabando en la Hacienda Piratuba, donde conocimos a Hilda Martín de Souza, una mujer emblemática de las luchas del MST y en la actualidad encargada de la cooperativa porcina.

Hilda, mestiza de madre india tapaj√≥ y padre portugu√©s, me cont√≥ que a los trece a√Īos se fue sola desde Bah√≠a a Sao Paulo para encontrar trabajo como empleada dom√©stica. Para obtenerlo tuvo que ocultar su origen ind√≠gena, olvidar la lengua materna, aprender el portugu√©s y perder su m√°s profunda se√Īas de identidad. ‚ÄúTodav√≠a me produce dolor cuando lo recuerdo -rememor√≥ Hilda-. Yo ten√≠a un cabello muy largo, como todas las mujeres ind√≠genas. El m√≠o llegaba m√°s abajo de la cintura, pero el patr√≥n me oblig√≥ a cortarme el pelo para que no se notara mi origen‚ÄĚ.

Hilda se uni√≥ al Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra desde su nacimiento en 1984. Vivi√≥ todas las fases de lucha del MST que se resumen en su propio lema: Ocupar, resistir y producir. ‚ÄúLos Sin Tierra -especific√≥ Hilda- ocupamos propiedades rurales que no est√°n produciendo, inmensos latifundios dedicados exclusivamente al pasto de los ganados de los terratenientes. Viv√≠ dos a√Īos en una barraca de pl√°stico y sufr√≠ trece desalojos. En uno de ellos un ni√Īo muri√≥ en mis brazos. Hac√≠a mucho fr√≠o, hab√≠a mucha humedad y le dio una neumon√≠a, El otro hermano muri√≥ a las cuatro de la madrugada en los brazos de la madre. Cog√≠ al ni√Īo e intent√© romper el cerco pero la polic√≠a no nos dej√≥ salir ni para llevar a las criaturas al m√©dico. La gente lloraba en aquella noche de sufrimiento. Despu√©s de dos a√Īos conquistamos la tierra. Fue una lucha conjunta y, por lo tanto, decidimos que nunca √≠bamos a dividir las tierras. Tuvimos siempre claro que si divid√≠amos la tierra estar√≠amos dividiendo la lucha. Y, hoy en d√≠a, estas tierras todav√≠a son colectivas‚ÄĚ.

Una vez ocupadas las tierras, habiendo resistido en ellas durante a√Īos, la tercera fase es la producci√≥n. Los momentos iniciales del asentamiento de las familias son dif√≠ciles, hasta que recogen las primeras cosechas.

Recorrimos parte de la Hacienda Pirituba de 8000 hect√°reas, y comprobamos como, tras catorce a√Īos de lucha, hab√≠an creado cooperativas lecheras y agr√≠colas que daban de comer a dos mil personas.

En las huertas las manos de las mujeres parec√≠an acariciar la tierra que les daba de comer. En sus dedos pod√≠a verse el sencillo anillo de c√°scara del coco de la palmera Tuc√ļm. Ese anillo, fabricado artesanalmente por los tapirap√© y caraj√°, era el aderezo antiguo de los pueblos ind√≠genas que pas√≥ a ser, a partir de los procesos de liberaci√≥n de Am√©rica Latina, el s√≠mbolo de la alianza con la causa ind√≠gena y las dem√°s luchas populares. Durante la Dictadura Militar llevar ese anillo era motivo suficiente para ser detenido. 

Nos mostraron tambi√©n las sencillas y dignas viviendas que hab√≠an construido en el asentamiento para aquellos que durante a√Īos no tuvieron ni tierra, ni techo ni nada. Visitamos la vivienda de Mar√≠a Antonia Macedo que, junto con su familia, estuvo un a√Īo en una barraca y sufri√≥ once desalojos. ‚ÄúCuando llegamos aqu√≠ -se√Īalo Mar√≠a Antonia- no tuvimos que pagar nada durante dos a√Īos. Luego compramos la casa con el ma√≠z que conseguimos cultivar. Tardamos doce a√Īos en obtener la vivienda a cambio de seiscientos kilos de ma√≠z‚ÄĚ.

Antes de abandonar la Hacienda Pirituba pasamos por la cooperativa porcina para despedirnos de Hilda que estaba preparando comida caliente para quienes llevaban veinte d√≠as de ocupaci√≥n en la Hacienda R√≠o Verde de Itarar√©. Hilda levant√≥ la tapa de una gran olla y me ense√Ī√≥ orgullosa lo que estaba cocinando en apoyo y solidaridad con la lucha del campamento: ‚ÄúTodo lo que hay aqu√≠ est√° producido por nosotros: el arroz, los frijoles y las salchichas. Todo ha salido de nuestro trabajo en este asentamiento‚ÄĚ.

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MATAR EL HAMBRE DEL PUEBLO

Cuando llegamos al campamento pude comprobar la dureza pero sobre todo la grandeza de la lucha de Los sin Tierra. La hacienda estaba tomada por familias que hab√≠an instalado all√≠ sus barracas montadas sobre cuatro estacas y unos pl√°sticos negros. ‚ÄúEs muy dif√≠cil esta lucha -me coment√≥ un campesino- Estamos debajo de las lonas y los pl√°sticos, con los ni√Īos enfermos. Hay que tener mucho coraje para enfrentarse a una situaci√≥n as√≠. Si no se tiene resistencia se abandona porque esta lucha puede durar a√Īos. Pero fuera del MST se sufre todav√≠a m√°s porque no hay empleo y el gobierno no ayuda.‚ÄĚ

Me impresionaba profundamente pensar que hab√≠a sesenta mil familias m√°s repartidas en campamentos diseminados por toda la geograf√≠a brasile√Īa, con la incertidumbre de saber si el poder judicial legalizar√≠a o no su situaci√≥n.

Me fij√© en una larga fila de personas que esperaban su raci√≥n de arroz y frijoles y me llam√≥ especialmente la atenci√≥n la mirada de Lourdes Santos, en cuya geograf√≠a facial pod√≠an verse los surcos, la erosi√≥n y la dignidad marcados en el rostro de los Sin Tierra: ‚ÄúLos que estamos en el proceso de ocupaci√≥n subsistimos gracias al apoyo de los que est√°n en los asentamientos – aclar√≥ Lourdes- Nos traen alimentos para atender las necesidades de las madres que vienen con ni√Īos peque√Īos y para todos los que est√°n con hambre y no tienen comida. Los de los asentamientos son los primeros que se preocupan de nosotros. Montan cocinas comunitarias para matar el hambre del pueblo‚ÄĚ.

En la realizaci√≥n o no de la Reforma Agraria est√° en juego la concepci√≥n misma del pa√≠s y la sociedad brasile√Īa. Luis Carlos Rom√°n, perteneciente a la Direcci√≥n Regional del MST fue muy expl√≠cito: ‚ÄúAl final de la dictadura militar, en la d√©cada de los setenta, surgi√≥ el MST, haciendo una lucha organizada de √°mbito nacional, con tres objetivos bien claros y definidos: la lucha por la tierra, la lucha por la Reforma Agraria y la lucha por la transformaci√≥n de la sociedad‚ÄĚ.

Adem√°s del arroz y los frijoles los Sin Tierra hab√≠an sacrificado una vaca de la hacienda ocupada que se estaban comiendo al m√°s puro estilo campestre, asada sobre troncos en improvisadas parrillas. Conscientes de que les esperaban meses de hambrunas organizaron una peque√Īa fiesta cantando el himno del MST y repartiendo espetones de deliciosa carne churruscada que compartieron con los miembros del equipo de TVE

Entre los campesinos destacaba un hombre negro, alto, de barba blanca, grandes ojos y un distinguido aspecto f√≠sico, aunque la manta que le cubr√≠a delataba su absoluta pobreza. Andr√©s dos Santos era un excluido de la sociedad urbana, que hab√≠a vivido durante a√Īos debajo de los puentes de la ciudad de Sao Paulo, arropado por cartones y una manta. ‚ÄúA la lucha de los Sin Tierra -aclar√≥ Andr√©s- se est√°n uniendo tambi√©n los Sin Techo. El MST nos ha devuelto la esperanza de luchar por algo a quienes viv√≠amos en la marginalidad de la gran ciudad, sin tener dinero tan siquiera para poder alquilar una habitaci√≥n. En la gran ciudad la pobreza es a√ļn m√°s s√≥rdida que en el campo‚ÄĚ.

A media ma√Īana llegaron noticias desde Itarar√© de que la polic√≠a estaba dispuesta a desalojar la Hacienda R√≠o Verde. Se produjo un momento de mucha tensi√≥n, el Coordinador Regional del MST, Delwek Matheus, declar√≥ desafiante: ‚ÄúQuiero ver si la polic√≠a procesa a mujeres, ni√Īos, ancianos y hombres que han matado a las vacas porque ten√≠an hambre‚ÄĚ. 

Matheus convocó a los Sin Tierra para explicarles el punto en el que se encontraba la situación. Mientras el militante del MST hablaba hice una presentación de esas que tienen fuerza porque reflejan un momento vivo e irrepetible. Emilio Polo me encuadró en el ángulo derecho de la ventanilla de la cámara y en el izquierdo compuso la imagen con un mar banderas rojas del MST que ondeaban al viento. Justo detrás de mí, en primer término, estaba un campesino con el torso desnudo y la hoz sujeta en alto y apoyada en su cintura. La imagen era impactante porque aquellas hoces, que eran instrumento de trabajo para segar mieses y hierbas, se convertían simbólicamente en objetos de posible defensa. Las hojas aceradas y curvas, de dientes agudos y cortantes por la parte cóncava, adquirían una dimensión absolutamente amenazante.

Record√© las im√°genes de las luchas campesinas de 1900 recreadas magistralmente por Bernardo Bertolucci en la pel√≠cula ‚ÄúNovecento‚ÄĚ y tambi√©n vinieron a mi memoria las fotograf√≠as en blanco y negro que el maestro Sebastiao Salgado hab√≠a captado en los momentos siempre dram√°ticos de la invasi√≥n de una hacienda. Y ahora me encontraba all√≠, viviendo en directo un momento √ļnico, exponente de la fuerza profunda, la capacidad de lucha y resistencia y la rebeld√≠a ante la injusticia de los Sin Tierra. Como en otros momentos, vividos desde la m√°s absoluta pasi√≥n y compasi√≥n, en el sentido de acompa√Īar a los otros, sent√≠ que todo se me remov√≠a por dentro, identificada como estaba con aquellos ideales y creencias. Como tantas veces he dicho me sent√≠ ‚Äúguerrilerra de la palabra‚ÄĚ con las c√°maras, los micr√≥fonos que doy a los que no tienen voz y mi propia voz unida a la de los que no la tienen.

TIERRA, MA√ćZ, ARROZ Y FRIJOLES

Lleg√≥ Vanda Rodr√≠guez de la Direcci√≥n Estatal del MST y trajo malas noticias: ‚ÄúEst√°n dispuestos a desalojar violentamente -asegur√≥ la militante del MST- dicen incluso que van a bombardear…‚ÄĚ

Charo me mir√≥ con cierta expresi√≥n de alarma como quien pensaba que est√°bamos all√≠ para reflejar el apoyo que Manos Unidas ofrec√≠a al MST, financiando una de sus escuelas, pero que no hab√≠amos llegado hasta all√≠ para hacer periodismo de guerra. Trat√© de suavizar la situaci√≥n diciendo que me parec√≠a un poco alarmista la informaci√≥n, aunque yo misma hab√≠a sufrido a√Īos atr√°s la brutal violencia de la polic√≠a brasile√Īa…

Vanda dirigi√≥ a los campesinos y empez√≥ por no olvidar en sus consignas el papel de las mujeres: ‚ÄúLo m√°s importante en la organizaci√≥n del Movimiento Sin Tierra es el pueblo, es el militante, es aquel que aprende en el d√≠a a d√≠a que la lucha es una necesidad b√°sica para que podamos hacer la transformaci√≥n hacia una sociedad m√°s justa. Vanda termin√≥ vitoreando con el pu√Īo en alto: ‚ÄúMujer consciente la lucha por delante‚ÄĚ.

Las malas noticias del posible desalojo violento se hab√≠an difundido r√°pidamente y a las puertas de la hacienda empezaron a llegar periodistas brasile√Īos a quienes las autoridades locales no permitieron entrar porque se esperaba la visita de un representante del Gobierno. Con todo derecho mis colegas empezaron a protestar desde la valla que cercaba la hacienda. Supuse que, en plena democracia, la polic√≠a quiso guardar las formas y no se atrevi√≥ a ‚Äúdesalojar‚ÄĚ a un equipo de televisi√≥n que pod√≠a transmitir ‚Äúmala imagen‚ÄĚ en el extranjero de un Gobierno presidido por Fernando Enrique Cardoso, que fue hombre de izquierdas y Catedr√°tico de Sociolog√≠a en la Sorbona de Paris, y al que no pod√≠a neg√°rsele el m√©rito de haber tenido el coraje, cuando lleg√≥ a la Jefatura del Estado, de reconocer que en Brasil todav√≠a hab√≠a esclavos.

Cuando el representante del Gobierno llegó a la Hacienda y advirtió nuestra presencia no pudo evitar un gesto de contrariedad. No obstante, se prestó a que le hiciera una entrevista en la que me habló muy extensamente, y con mucha diplomacia, sobre el complejo tema de las tierras en Brasil.

El responsable m√°ximo del INCRA (Instituto Nacional de Colonizaci√≥n y Reforma Agraria) se dirigi√≥ a los campesinos que ten√≠an sus hoces proyectadas contra el cielo. Gilmar Viana, Director de Conflictos Agrarios, fue muy expl√≠cito: ‚ÄúS√≥lo hay dos alternativas: o expropiar e indemnizar, o comprar. Si la tierra resulta improductiva pueden tener la certeza de que el INCRA discutir√° en la justicia, pero si la tierra es productiva s√≥lo podemos comprar a los due√Īos de las haciendas si ellos quieren vender. Si es as√≠ el Gobierno aceptar√° el compromiso de comprar‚ÄĚ.

Finalmente, para evitar un desalojo violento, los dirigentes del MST decidieron levantar el campamento. Se produjo un momento de profunda tristeza y una celebraci√≥n impregnada de misticismo. Fue una aut√©ntica comuni√≥n con la Madre Tierra. Uno de los campesinos empez√≥ a repartir entre los congregados granos de ma√≠z, arroz y frijoles. Los Sin Tierra ten√≠an extendidas las manos, en las que el compa√Īero depositaba aquello por lo que luchaban: la tierra y las semillas. Charo y yo, que tambi√©n est√°bamos profundamente emocionadas, recogimos unos cuantos granos que guardo en mi casa junto con arena del desierto, donde en otros momentos de mi existencia he vivido situaciones l√≠mite, de esas que te dejan marcada para siempre. 

Por indicación de los dirigentes del MST todas las familias empezaron a desmontar el campamento para que los representantes del Gobierno pudieran hacer el estudio y decidieran si las tierras eran o no productivas.

Mientras recog√≠a las ropas de su beb√© y desmontaba los pl√°sticos de su tienda, Maria Aparecida da Silva enumer√≥: ‚ÄúCon √©ste son ya cinco los desalojos que he tenido que hacer en un s√≥lo a√Īo‚ÄĚ.

Desocuparon el área y se llevaron sus escasas pertenencias en un camión y varios tractores. Salieron de la hacienda y se situaron a pocos kilómetros en un pastizal. Los hombres empezaron rápidamente a montar de nuevo las barracas, pero muchos no tuvieron fuerzas para rehacer las tiendas tras aquel intenso día lleno de amenazas, inquietudes y tensiones.

Como estaba oscureciendo quemaron las hierbas para espantar a las serpientes. Las mujeres con ni√Īos peque√Īos permanec√≠an con ellos en los brazos, acurrucadas junto a sus m√≠seras y escasas posesiones. El panorama era desolador. Todos sab√≠an que les esperaba un duro camino por recorrer.

Las mujeres m√°s j√≥venes y fuertes contribu√≠an a cavar agujeros y clavar los palos en ellos. Cuando algunos ya ten√≠an montada la tienda llegaron emisarios de la finca cercana para informarles que aquel terreno ten√≠a due√Īo y no pod√≠an instalarse en el. Puesto que ya hab√≠an desalojado pac√≠ficamente la hacienda invadida, decidieron marcharse tambi√©n de all√≠ para evitar conflictos innecesarios con la polic√≠a. Casi todos ellos durmieron aquella noche a la intemperie.

A la ma√Īana siguiente se instalaron en la carretera, en terreno de nadie. Mientras nos √≠bamos le ped√≠ a Emilio que hiciera desde el coche un travelling para terminar el documental con aquellas im√°genes estremecedoras: mujeres, ni√Īos, hombres, macilentos, ateridos, con el sufrimiento de siglos marcado en el rostro. Cuando llegu√© a Madrid, en la sala de edici√≥n sobreimpresion√© dos im√°genes para terminar el programa que titul√© ‚ÄúLa lucha por la Tierra‚ÄĚ de mi serie ‚ÄúLos Excluidos‚ÄĚ.

La secuencia final era aquel recorrido por las barracas, los agujereados techos de negros pl√°sticos deteriorados por las lluvias y el implacable sol, los ni√Īos correteando descalzos y semidesnudos por la carretera, el trasiego de quienes montaban aquellas improvisadas tiendas para protegerse del viento, la lluvia y las inclemencias de la naturaleza en suma. Superpuse a esas im√°genes la de Lourdes Santos en un primer√≠simo plano componiendo con la acerada hoja de la hoz. Aquel rostro, marcado por el sufrimiento, pero tambi√©n por la firme resoluci√≥n de combatir la injusticia, era, en su profunda dignidad, la representaci√≥n m√°s elocuente de los Sin Tierra.

Visionaba una y cien veces aquellas im√°genes para darles el ritmo y la cadencia precisos para que, en apenas unos minutos, transmitiesen al espectador la intensa experiencia que yo hab√≠a tenido el privilegio de vivir en directo. Era mi forma de hacer algo por los SinTierra. La lucha de ellos era mucho m√°s larga, tendr√≠an que esperar meses, quiz√° a√Īos, pero sab√≠a que resistir√≠an all√≠, al borde del camino, hasta poseer la tierra, y aquella certeza me produc√≠a una √≠ntima y profunda alegr√≠a de vivir…‚ÄĚ

(Texto extra√≠do del libro ‚ÄúLos Excluidos‚ÄĚ Editorial RBA. A√Īo 2000)

El documental est√° grabado en El Salvador, Guatemala y Brasil. Presenta el injusto reparto de la tierra, sus consecuencias y la lucha de distintas organizaciones, como el MST- Movimiento de los Sin Tierra de Brasil (a partir del minuto 28)

Los siguientes textos est√°n publicados en Facebook, en la p√°gina de Denis Wilson y de Isidoro Moreno Navarro

No hay nada más subversivo que los/las trabajadores diciendo: de aquí no salimos, esta TIERRA es NUESTRA.
Nuestra solidaridad con las familias del Quilombo Campo Grande, que desde ayer se resisten valientemente a las atrocidades de una policía cobarde, criminal e inhumana.
NUEVO desgobierno est√° promoviendo b√°rbaramente una masacre. ¬°Nuestro llamamiento es por el derecho a la vida digna!

DespejoN√£o #ZemaCovarde #QuilomboResiste

. CARTA ABIERTA DE LOS ESTUDIANTES DE LA MAESTR√ćA EN TEOLOG√ćA LATINOAMERICANA DE LA UCA-EL SALVADOR EN APOYO A QUILOMBO CAMPO GRANDE.
Desde muchos rincones de América Latina a 17 de agosto de 2020
Compas, sociedad civil, organizaciones e instituciones:
Expresamos nuestra solidaridad con las familias del Campamento Quilombo Campo Grande en Minas Gerais al sudeste de Brasil, por el acoso, desalojo violento, destrucción de cultivos y de la Escuela Popular Eduardo Galeano, por parte de la Policía Militar, del judiciario y del gobierno de Romeu Zema, desde el 30 de julio; además de las detenciones arbitrarias hacia las personas que han levantado la voz ante esta injusticia.
Desde hace m√°s de 20 a√Īos estas familias est√°n en lucha y resistencia, en la salvaguarda de sus tierras, las cuales han sido trabajadas para la producci√≥n de diversos cultivos, entre ellos el reconocido caf√© Guai√≠.
Rechazamos rotundamente el abuso y la opresi√≥n. No podemos callar ante este injusto proceder, donde la ambici√≥n sigue siendo el com√ļn denominador de nuestras sociedades, afectando sin consideraci√≥n alguna a los pueblos.
Les invitamos a hacer eco de los que hist√≥ricamente han sido silenciados. Y en palabras de uno de nuestros compa√Īeros parte de este movimiento:
[…] Como diría nuestro obispo Pedro Casaldáliga: en amor, fe y revolución no hay neutralidad que sea posible.
La iniquidad de los grandes no debe derribar nuestros √°nimos, sino radicalizar nuestra opci√≥n por los d√©biles y peque√Īos que hacen enojada nuestra esperanza.
Unamos medio muertos, derrotados y fracasados que somos‚Ķ juntos podemos tener m√°s muertes, derrotas y fracasos que ellos. Pero juntos tambi√©n tenemos m√°s vida, lucha, firmeza y coraje‚ÄĚ
Escribimos con la convicci√≥n de que otro mundo es posible, desde abajo y en los √ļltimos de nuestra sociedad, compa√Īeros y compa√Īeras todos.

Facebook Denis Wilson

La Escuela Popular Eduardo Galeano del Quilombo Campo Grande, en Minas Gerais (Brasil), ha sido destruida por la Polic√≠a Militar dentro del operativo de expulsi√≥n de las 450 familias que formaban el campamento del MST (Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra) que cultivaban la tierra desde hace 22 a√Īos, produciendo ecol√≥gicamente. La salvaje acci√≥n, que se extendi√≥ durante 60 horas utilizando gases lacrim√≥genos, forma parte de la ofensiva del gobierno Bolsonaro y de los grandes oligarcas brasile√Īos contra las clases populares y los pueblos ind√≠genas. Intelectuales de dimensi√≥n mundial como Noam Chomsky, Vijay Prashad y otros, as√≠ como muchos colectivos y organizaciones, se han solidarizado con las v√≠ctimas y condenado estos acontecimientos. Me uno a la indignaci√≥n y a la condena.

Facebook de Isidoro Moreno Navarro

Un comentario en “Los exclu√≠dos de la tierra – MST

  1. Es una historia muy vieja que lamentablemente no cambia con los a√Īos, incluso se agranda.El poder del capital cada dia es mayor y los desheredados de la tierra solo tienen las armas de su resistencia… Con Bolsonaro al frente Brasil funciona tan mal o peor que en tiempos de la dictafura… y los due√Īos del mundo se frotan las manos.

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